Esa imagen sobrecogedora de un oso en un pedazo de hielo que mira sin saber para dónde dirigirse no es un invento artificioso del documental Una verdad incómoda de Al Gore.
Los osos se están muriendo por el deshielo debido al calentamiento global. Y se están muriendo los ositos.
¿La razón? Cada vez tienen que viajar distancias más largas en busca de un pedazo de hielo sobre el cual cazar.
La voz de alerta proviene esta vez de un estudio de científicos de United States Geological Survey y World Wildlife Fund.
Investigadores rastrearon de 2004 a 2009 datos de 68 collares con GPS puestos en hembras adultas, para identificar osos nadando más de 48 kilómetros por vez.
Así identificaron 50 desplazamientos acuáticos de larga distancia de 20 osos polares equipados con collares de radio. Cada evento se realizaba sobre una distancia de unos 685 kilómetros durante 12,7 días.
En esas jornadas, 5 de 11 madres que nadaban con su crías las perdieron durante el viaje, una tasa de mortalidad del 45 por ciento, frente al 18 por ciento que cuando los bebés no tenían que nadar con ellas.
"El cambio climático está poniendo el hielo marino fuera del alcance de los pies de los osos polares, forzándolos a nadar distancias más largas para encontrar alimento y hábitat", dijo Geoff York, experto en osos polares de la WWF y uno de los autores del estudio.
La investigación es, en palabras de York, el primer análisis en identificar una tendencia interanual significativa en la distancia que deben nadar los osos polares.
Estudios previos, dijo, sólo habían reportado incidentes aislados.
Anthony Pagano, biólogo y conductor del estudio, presentó la investigación en la Conferencia de la Asociación Internacional del Oso.
El futuro del Ártico no presagia nada bueno para estos animales, de los que se cree que quedan algo más de 25.000 individuos con clara tendencia a la desaparición.
El Polar Science Center de la Universidad de Washington reportó una marca histórica en el descenso del volumen de hielo marino: es hoy 47 por ciento menor a lo que era en 1979, año en el cual los satélites comenzaron a medir la fluctuación.
Los osos, como los humanos, no pueden taparse los conductos nasales para evitar la entrada del agua, por lo que el cansancio y un mar enfurecido los hacen ahogar.
Los pequeños, con menos grasa, están más expuestos a la hipotermia.
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